La conspiración de la veleta

El final del terrorismo constituiría un logro excepcional para el Gobierno, pero ni está escrito que con un éxito así el electorado se entregue ni consta lo contrario

El primer efecto de la reforzada presencia de Rubalcaba ha sido una entrada de caballo siciliano, hasta el punto de eclipsar tácticamente la figura del presidente de Gobierno. La pregunta es si el vicepresidente primero está gobernando o solo conspirando. Siempre ha ostentado una manifiesta condición de conspirador barojiano según el modelo de Don Eugenio de Aviraneta, sumándola a alianzas mediáticas que sin ser nuevas contrastan con la escasa estrategia mediática del PP. Poeta y estadista, patricio del siglo XIX, Manuel José Quintana le escribe al hospitalario lord Holland que es errónea la idea de gobernar como se conspira. Es el riesgo de Rubalcaba porque uno no puede gobernar dedicándose monográficamente a darle patadas a la espinilla del PP. Al contrario, celebrando el nombramiento de Jovellanos como ministro de Gracia y Justicia, Quintana escribe: “¡Bien haya veces mil aquel momento/ en que a las manos del saber se entregan/las riendas del poder!”. Por contraste, los escritores lanzan improperios contra los ministros, los alcaldes insultan a las ministras y el mundo político parece girar en torno a la invectiva y una posterior rectificación que nadie se cree.

Las terminales de comunicación del PP anuncian una nueva fase en la que Rajoy y su equipo enfilarán con estilo más preciso y expresivo la larga fase preelectoral. Ahí tendrá que afinar mucho para que sus mensajes calen en esa capa central de clases medias profesionales que en gran medida encabezan los cambios sociales, las nuevas costumbres y la aleación de valores que incluso aparentan la contradicción. Quintana no se hubiese olvidado de las clases medias ilustradas al cantar las glorias de la patria. A la hora de apretar el acelerador –eso sí, con cautela galaica–, Rajoy está considerando la Big Society de David Cameron y la considerable maestría con la que Angela Merkel va saltando obstáculos uno tras otro. Y por ahora Cameron parece ser el envoltorio mientras que Merkel representa la sustancia. Es la diferencia entre el billar a bandas y el ajedrez.

Puestos a conspirar, el zapaterismo ha sido la conspiración de la veleta, practicable con vientos racheados pero muy difícil con viento huracanado. Voló el confeti progresista, rebajado de ministerio a secretaria de Estado, y con Rubalcaba vuelven los ardides de la vieja izquierda. ETA será la prueba del nueve. El final del terrorismo constituiría un logro excepcional para el Gobierno, pero ni está escrito que con un éxito así el electorado se entregue ni consta lo contrario. En la complejidad del pluralismo, las relaciones causa-efecto asumen ritmos y temporalidades actualmente muy ajenos la vieja política de derechas o de izquierdas. Dejemos la derrota de ETA en la agenda de las cuestiones de Estado. Lo demás es creerse que la veleta indica destinos y no solo el paso variable de los vientos.

Para competir
¿Es tan lenta e incierta la recuperación económica porque pagamos el coste del pánico que llevó a suculentas intervenciones de los estados o porque no fueron bastante sustantivas? Uno oye que entonces se hizo lo que se tenía que hacer pero que ya llevamos un tiempo sin salir al paso de las consecuencias de lo que se hizo. El regreso de la confianza está siendo un camino empinado, como quien anda en busca de una ortodoxia todavía inexistente.

Cruz de Lorena

Sarkozy aprovecha el día nueve el cuadragésimo aniversario de la muerte de De Gaulle para acudir al sacrosanto Colombey-les-Deux-Eglises, inspirarse en la energía del recuerdo y hacer un gran discurso. Se los escribe el brillante Henri Guaino, de la escuela exótica que fue el gaullismo de izquierdas. La experiencia reciente de Sarkozy ratifica que las medidas de acierto tecnocrático a largo plazo pueden ser una debacle político-social a plazo corto.

Robinson en la Moncloa
Quien sabe hasta qué punto llega la soledad de Rodríguez Zapatero en la Moncloa. El síndrome monclovita es un estereotipo al uso desde que la Presidencia de Gobierno dejó el Paseo de la Castellana. Se admiten apuestas sobre el número de ministros que, en la intimidad institucional del Consejo, levantarían un dedo por Zapatero antes que por Rubalcaba. Años de la bodeguilla, años de Aznar y sus dos bolas de helado argumentando la intervención en Iraq.

Fuente  :    Lavanguardia

Publicado el noviembre 8, 2010 en Consciencia, Conspiraciones, E.T.A, Educación, Noticias, Politica, Terrorismo y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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