Un mundo de suma cero

Los torbellinos del mundo andan en busca de una fórmula o de un molde para encauzarse y definir lo que pudiera ser el nuevo orden mundial. Es como tan sólo reafirmarse en una geometría primitiva cuando estamos en la frontera digital, como ver el mundo de forma unidimensional mientras la realidad ya es en gran parte virtual. En ocasiones los ciclos políticos, históricos y económicos se encabalgan. Quizás es lo que esté ocurriendo ahora mismo. Sobre todo, los ciclos de vez en cuando se aceleran. Sea como sea, no hay edades ideales. Podemos acertar o equivocarnos y luego, a lo sumo, rectificar.

Gideon Rachman es uno de los analistas más incisivos del Financial Times,esa Biblia color salmón que inspira los ritos de la Unión Europea y de la superclase global, lectura obligada para tener las claves de lo que pasa más allá de la espuma sensacionalista, los sesgos nacionales o las inercias ideológicas. Rachman acaba de publicar Un mundo de suma cero,una mise au point de lo que nos está ocurriendo con la recesión del 2008. Es un ensayo que será de referencia mundial en los próximos meses. Derivada de la teoría de los juegos, la idea de suma cero consiste en que si uno gana otro pierde, a diferencia de aquellas situaciones en las que todos pueden ganar. Dicho en breve: para Rachman, con el impulso y el consenso de la globalización, todos ganábamos; con el efecto de la recesión, unos ganan y otros pierden. En el sentido orteguiano, Un mundo de suma cero es un libro exactamente a la altura de los tiempos.

Para comenzar por las dimensiones más aplastantes, ahora mismo si Estados Unidos gana es que China pierde, y al revés. Estamos en umbrales de inestabilidad y de mutación abrupta. Nada que el mundo no haya visto en su azaroso pasado, pero con unos decorados novedosos, en los que hay estados fallidos, el ciberespacio, la biotecnología, el peligro de proliferación nuclear, el terrorismo islamista, un reaparecer de la dicotomía Estadomercado, la deriva del bien común, lideratos en eclipse, migraciones turbadoras y temor al futuro.

Como trasfondo, Gideon Rachman distingue entre una época de transformación (1978-1991), la época del optimismo (1991-2008) y la época de la ansiedad: respectivamente, de la apertura económica china, pasando por Reagan y Thatcher, al Acta Única Europea, la Desunión Soviética y la democratización iberoamericana; 1991 es el momento estelar de la unipolaridad norteamericana, con la primera guerra del Golfo; esa unipolaridad transitoria inicia la fase optimista con el triunfo de los mercados, la globalización dinamizada por las nuevas tecnologías, la emergencia imparable de Asia y el euro, hasta el atentado contra las Torres Gemelas; finalmente, la recesión del 2008 impregna de ansiedades el devenir, en un mundo multipolar, con los nuevos autoritarismos, la taquicardia europea. Eso es, un mundo de suma cero, con el riesgo de reacciones proteccionistas, nuevos populismos, déficits astronómicos, carencias energéticas, disfunciones en el sistema internacional y una paranoica sensación de vulnerabilidad. En fin, en la penumbra tanteamos las hipotéticas concreciones de una gobernabilidad mundial, ya sea en los encuentros del G-20 o en la improbable reforma de la ONU.

No es que vivamos en uno de esos momentos en los que los filósofos de la historia emprenden un recuento de las civilizaciones perdidas. Pero es el instante de una inquietud sin nombre que reflexiones como la de Gideon Rachman contribuyen a identificar. ¿Cuánto durará esta fase de suma cero? ¿A qué aspiramos como civilización global en la que los principios de la sociedad abierta, mal que bien, iban arraigando? Aunque el entusiasmo globalizador esté en punto muerto, lo cierto es la necesidad de análisis globales. Desde el punto de vista de la seguridad, un estallido en Pakistán podría alterar los presentes equilibrios tan precarios, Irán quiere un arsenal nuclear, Hamas crea un estado teocrático en Gaza, Yemen es una nueva base de Al Qaeda. En cuanto a la economía, el crecimiento va más lento y la dinámica global chocará con la prioridad de los intereses nacionales. Más suma cero. Más paro.

Es dudoso que el modelo general acabe por ser una Unión Europea en la que impere la norma sin la fuerza. Es un modelo para situaciones que son el revés de la actual: la fórmula para un mundo que no sea de suma cero. Europa, como insiste Rachman, pasa por una de sus mayores crisis, con contagiosos problemas de deuda que alteran el proceso posterior a la tan laboriosa concreción del tratado de Lisboa. Los electorados se pronuncian de forma temerosa y reactiva. El panorama es sombrío aunque desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy no faltaron amenazas de tanta envergadura como la conflagración termonuclear, la expansión del totalitarismo o la carestía implícita en las economías centralizadas. Como recuerda Gideon Rachman, la Sudáfrica que avanzó hacia el futuro al descomponerse el cerrojo soviético o la India que se autoliberó de la ideología de la planificación colectiva son ejemplos de que, incluso en épocas de ansiedad, el determinismo ya no rige. Ni la suma cero es para siempre.

Fuente  :   Lavanguardia

Publicado el noviembre 15, 2010 en Capitalismo, Consciencia, Control, Crisis, Desinformación, Economía, Futuro, Globalización, Noticias, Nuevo Orden Mundial. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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