Los Gobiernos echan mano de los impuestos más extravagantes

Este último año, ya sea por la crisis económica o por la necesidad de realizar reformas en unos mercados sometidos a constantes cambios, los Gobiernos han adoptado medidas recaudatorias de lo más particulares. Ajustes que pretenden proteger el medioambiente; luchar contra la obesidad o reducir las muertes prematuras, pero que son vistas por muchos como medidas desesperadas a este pinchazo de la economía.

El más reciente, en Dinamarca donde a partir de este año se gravarán los productos que superen más de un 2,3% de grasas saturadas. En otras palabras, los consumidores tendrán un recargo de 2,15 euros por cada kilo de grasa saturada.

Con el objetivo de combatir la obesidad, los daneses pagarán unos 33 céntimos más por un envase de mantequilla o margarina y nueve céntimos extras por una bolsa de patatas fritas. La pizza, el queso o la carne, también se encarecerán.

Las flatulencias de las vacas o, lo que es lo mismo, la emisión de gases del ganado doméstico también son objeto de tasas. A los granjeros irlandeses estos animales les costará 18 dólares por res y, de nuevo, a los daneses 110 dólares.

La justificación está en un informe de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), según el cual el ganado emite un porcentaje muy superior de gases nocivos como el amoniaco (NH3) o el dióxido de carbono (CO2), del que emiten los coches. En concreto, el 18% de los gases de efecto invernadero proviene del ganado doméstico.

Francia consiguió recientemente enfurecer nada menos que al “gigante gaseoso” Coca-Cola al establecer un impuesto sobre las sodas, que supone un coste adicional de 3,58€ por hectolitro de bebidas azucaradas (la misma tasa que se le exige al vino).

El impuesto aportará al Estado 120 millones de euros. El Gobierno asegura que el impacto en el bolsillo del consumidor será mínimo: 1 céntimo por botellín de 33 centilitros.

Pero el país que más polémica ha generado ha sido Bucarest cuando intentó incluir, al final sin éxito, la profesión de adivino, mago o bruja en su lista de actividades obligadas a tributar.

Todo aquel que dominase la magia negra, según esta nueva ley debería entregar el 16% de sus ingresos al Estado y hacer contribuciones a la seguridad social para poder aspirar a una pensión y a cobertura sanitaria.

Estas medidas poco comunes aparecieron hace algunos años de forma aislada en lugares como Tennesse (EEUU) entre 2005 y 2009. Allí, los consumidores de sustancias estupefacientes podían justificar la posesión de drogas para consumo propio ante la policía si previamente habían pagado impuestos por ellas. A cambio de 3,5 dólares, en el caso de la marihuana; 50 dólares, en el de la cocaína; y 200 dólares, para la metanfetamina; los ciudadanos del estado podían comprar una especie de sellos que los legitimaban para llevarlas encima. Con la medida, conocida como “el impuesto del crack” se recaudaron nada menos que 6.000 millones de dólares.

 

Fuente  :  El Mundo

 

 

 

Publicado el octubre 16, 2011 en Análisis, Consciencia, Control, Fascismo, Noticias, Politica y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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