Archivos Mensuales: diciembre 2014

¿Acaso podría existir un mensaje extraterrestre oculto en nuestro código genético?

Durante años se ha buscado en las profundidades del espacio indicios de comunicación extraterrestre, pero quizá la respuesta esté mucho más cerca de lo que creemos

Durante años se han buscado en el espacio señales de vida extraterrestre sin resultados concluyentes; pero, ¿y si ese mensaje que tan ansiosamente buscamos se encuentra dentro de nosotros?

Un ensayo titulado “The ‘Wow! signal’ of the terrestrial genetic code“, publicado hace un año en Icarus, un prestigioso periódico de ciencia planetaria, ronda en torno a la pregunta de si nuestro código genético pudo ser originado más allá de las fronteras de nuestro planeta, y de si este código pudiera contener algún mensaje encriptado de nuestros creadores extraterrestres.

Por medio de diversos métodos matemáticos, los autores del ensayo buscaron evidencia de alguna señal estadísticamente fuerte en nuestro código genético, con sorprendentes resultados: el código revela un conjunto de patrones aritméticos e ideográficos de un mismo lenguaje simbólico. Estos patrones son tan consistentes que parecieran ser producto de una lógica precisa, de un guiño de artificialidad, a pesar de que no hay forma de saber qué significan.

Algo interesante es que esta no es la primera vez que un artículo científico trata el tema. En 1979 la misma publicación, entonces dirigida por Carl Sagan, publicó un artículo de los bioquímicos Hiromitsu Yokoo y Tairo Oshima que hablaba de la posibilidad de la existencia de un mensaje extraterrestre en el ADN del bacteriófago φX174. Dada la extravagancia de la idea Sagan le pidió a su entonces joven protegido, David Grinspoon, que revisara el artículo para determinar su legitimidad. Grinspoon quedó asombrado por lo que encontró. Es una idea común que, si en algún momento llegamos a recibir información de otro planeta, estará conformada por secuencias y productos de números primos; esto por el hecho de que no existe ningún proceso natural que pueda generarlos. Un número primo es signo de que una inteligencia se encuentra detrás.

Parte de la idea del uso de números primos es que la multiplicación de dos de estos indica las coordenadas de un plano cartesiano en el que se desplegará una imagen en dos dimensiones. Sin embargo, ninguna de las secuencias encontradas en el código dió origen a imágenes que revelaran un mensaje coherente. (Abajo se pueden apreciar las imágenes que Grinspoon creó con la información).

grinspoon-dna-decode

Ningún mensaje ha sido detectado aún, pero la posibilidad de utilizar el código genético como medio de comunicación ya ha sido probado por la biología sintética (en 2010 Craig Venter sintetizó una molécula que no sólo contenía el genoma de una bacteria, sino los nombres de los 46 científicos implicados y algunas citas de James Joyce).

Lo que hace que el genoma humano sea campo fértil para la imaginación es el hecho de que de los 750 megabytes de información que contiene, tan sólo 3% está formado por los genes que nos hacen lo que somos. El 97% restante lo ocupa el llamado “ADN basura”, el cual es como la materia oscura de nuestro universo interno. Puede que esa enorme porción del genoma no sea más que ruido genético, pero no es difícil imaginar que allí se pueda encontrar un mensaje que simplemente no hemos aprendido a descifrar.

Como señalan aquellos que perseveran en la búsqueda de mensajes extraterrestres en las profundidades del espacio: “La probabilidad de éxito es difícil de estimar; pero si nunca buscamos, las posibilidades se reducen a cero”.

Fuente :  Pijamasurf

El FBI admite las visitas de “seres de otras dimensiones”

La noticia tiene una fuente impecable: los propios archivos del FBI (Federal Bureau of Investigations, Oficina Federal de Investigaciones) y que puede cotejarse en su archivo on line, en http://vault.fbi.gov/UFO/UFO%20Part%201%20of%2016/view.
La primera sorpresa es que el FBI, al mejor estilo Expedientes X, dedicaba gran atención al fenómeno ovni. Por cierto, esto confirma la vieja sospecha que teníamos los investigadores de que muchas películas de ciencia ficción en realidad están basada en hechos reales, ya sea en “filtraciones” dadas por el mismo FBI a propósito para ir concientizando a la población, ya por agentes o exagentes que creen injusto que se prive a la opinión pública del conocimiento de estos secretos. Uno puede ser un poco más incisivo y preguntarse si, después de todo, las historias creadas desde la ficción no lo serán para generar un determinado prejuicio en los actores sociales, para cubrirse la espaldas de futuros desaguisados en el manejo de esa información.
Ciertamente, uno sinceramente no puede creer que Edgar Hoover, a la sazón director del FBI cuando los hechos de los que hablaremos ahora ocurrieron, estuviera muy preocupado en la “justicia” de respetar el derecho de la opinión pública a enterarse. Justo él, ultraconservador y reaccionario, un verdadero Torquemada de quien pensara distinto. Pero la cuestión es que en 2011 se supo que la policíaca agencia había hecho ingresar en la categoría de “desclasificados”, un informe elaborado en julio de 1947 por un agente especial del FBI, un teniente coronel cuya identidad, en aras de la “seguridad nacional” es borrada en el informe, y por instrucción directa del omnipotente Hoover, basado en las entrevistas a un testigo de apariciones ovni que, en base a sus experiencias de contacto con estas inteligencias no humanas, tenía bastante que decir.
Según el ponente, estaríamos siendo visitados, entre otras especies, por una no proveniente de otros planetas sino de “otras dimensiones”. En puridad, de un plano etéreo coexistente con nuestro universo físico, entidades que al materializarse aparecían como gigantes traslúcidos…
Realmente pensaríamos estar ante el relato de un fantasioso, pero debe atenderse que el hecho debe haber tenido suficientes puntos coherentes para movilizar una investigación del FBI, puntillosos –eso hay que reconocérselos– a la hora de justificar la inversión y gasto de sus recursos. Bien, el relatante continúa exponiendo que estos seres (a los que se llama “los errantes”) emplearían para su desplazamiento vectores energéticos que se interpretarían como los (así llamados en ese entonces) “platillos volantes”. Su objetivo sería “pacífico”… si es que pueda considerarse “pacífico” lo que habrían manifestado (suponemos que telepáticamente) al testigo: quedarse en el planeta, sin interferir con nosotros.
¿Qué decir de este informe?. Si bien los “reportes ovni” –como podrá comprobar cualquiera que se tome el trabajo de consultar los archivos del FBI– eran entonces (como ahora) muy comunes, ignoramos si este cariz tan particular quedó solo en eso o tuvo alguna continuidad en el tiempo. Prestemos atención a que si en 2011 se liberaron reportes de 1947, si hubo otros posteriores –o ampliaciones posteriores de la investigación– recién serían liberados este año entrante o los siguientes… si es que lo son y no se considera que su contenido o resultados afectan la “seguridad nacional”. Por lo pronto, y cumpliendo la consigna adelantada cuando su fundación, el Instituto Planificador de Encuentros Cercanos (de Paraná, Entre Ríos, Argentina) se encuentra difundiendo masivamente este hallazgo a la vez que ha comisionado a sus investigadores asociados en Estados Unidos el tratar de obtener toda otra pista que enriquezca nuestra percepción de un hecho, por sí mismo, extraño dentro de la misteriosa naturaleza del fenómeno ovni.

 

Fuente :  Unoentrerios