Archivo de la categoría: Astrología

Pronostican terremoto el 27 de septiembre por alineación del cometa Elenin

Alineación entre el cometa Elenin, la Tierra y el Sol del 26 al 27 de septiembre generaría un poderoso terremoto, según patrón previamente observado; la NASA, por otro lado, señala que estas alineaciones no tienen ningún efecto sobre nuestro planeta.

 

 

El furor que ha generado el cometa Elenin en Internet podría tener su punto climático este 27 de septiembre cuando una nueva alineación, con especial cercanía a la Tierra, supuestamente debería de provocar un poderoso terremoto siguiendo un patrón observado por las huestes atentas a este cuerpo sideral. Mientras que la web conspiracionista suena la alarma ante una posible catástrofe —algunos ven esta fecha como un ensayo del Apocalipsis— la NASA y la comunidad científica han reiterado que  el cometa no ejerce ninguna  influencia en la Tierra, ya que de hacerlo violaría las leyes de la física.

El cometa Elenin fue descubierto por el astrónomo semi amateur ruso Leonid Elenin el pasado 10 de diciembre del 2010; su descubrimiento llenó un vacío entre las personas que esperan una revelación cósmica acelerándose hacia diciembre del 2012. En estos sectores este pequeño cometa ha sido elevado al rango de planeta (avatar de Nibiru, el planeta supuestamente profetizado cuyo retorno orbital marcaría una apocalíptica señal de la llegada de los dioses del espacio) e incluso algunos han dicho, sin ningún sustento científico, que se trata de una nave espacial, de un cúmulo (o cluster) y del cometa que supuestamente anticipó Nostradamus.

Lo que hace interesante el caso es que aparentemente las alineaciones del cometa Elenin con la Tierra y otro cuerpo celeste han coincidido con terremotos en nuestro planeta. Y siguiendo esta lógica, se espera un poderoso terremoto —”el grande”— este 26 o 27 de septiembre cuando ocurra un alineación entre Elenin, la Tierra y el Sol: la más temible alineación si se considera lo que ocurrió en los terremotos de Chile y Japón. Se cree que esta vez el terremoto podría incluso superar los 9 y hasta los 10 grados en la escala de Richter, ya que Elenin estará a solo 54 millones de kilómetros de la Tierra, la distancia más corta hasta la fecha en cualquier alineación —aunque el 16 de octubre será el día en el que Elenin se acerque más a la Tierra,  a 35 millones de kilómetros, es decir, noventa veces más distante que la ubicación de la Luna con respecto a la Tierra.

 

 

 

 

La gráfica presentada marca la correspondencia entre las alineaciones de Elenin y terremotos en la Tierra; estos datos circulan a lo largo de la Red pero habría que confirmar si estas son las únicas alineaciones que ha tenido Elenin con la Tierra y otro cuerpo planetario o hay más y entonces quizás la información no sea tan ominosa. De cualquier manera, según la NASA, las alineaciones entre planetas no generan ninguna fuerza física que pueda influir en la Tierra y menos generar un terremoto —su influencia se limita a la astrología.

Por lo pronto este 27 de septiembre podremos ver si la cola esotérica que lleva el cometa Elenin es una nueva manifestación de la profusa desinformación que rodea a la web conspiracionista o en realidad porta una misteriosa energía que repercute en la faz de la Tierra.  Aunque posiblemente algunas personas, de no producirse ningún acontecimiento de alta magnitud, busquen mantener aleteando el poder místico y cataclísmico del cometa, quizás relacionándolo con algún pequeño terremoto, el cual ciertamente tiene una buena probabilidad de suceder esos dos días en alguna parte del mundo. Habrá que estar atentos.

 

Fuente  :     Pijamasurf.com

 

 

SALFATE: Conspiración Terremoto 8.9 Japón 11/03/2011

Una estrella se escapa de la constelación que ha cambiado el horóscopo

La enorme Zeta Ophiuchi ha sido expulsada tras la explosión de una supernova y viaja a 24 kilómetros por segundo

 

La estrella azul en el centro de la imagen es Zeta Ophiuchi, en su viaje a través de la constelación Ofiuco

 

El telescopio espacial WISE de la NASA ha descubierto una poderosa estrella, que tiene veinte veces la masa de nuestro Sol, tratando de escapar a toda velocidad a través del espacio. Se trata de la enorme Zeta Ophiuchi, que pertenece a la constelación de Ofiuco, la misma que hace pocos días llamaba la atención por haber introducido un nuevo signo zodiacal y haber cambiado el horóscopo tal y como lo conocíamos. Lo que ahora ocurre en esta constelación responde a algo mucho más real que una predicción del futuro basada en las estrellas, pero no por eso es menos emocionante.

¿Qué ha provocado la expulsión cósmica? Una relación fatal. En su día, la viajera gigante orbitaba alrededor de una estrella aún más grande. Pero este baile celestial resultó imposible. Cuando la más poderosa de las dos explotó en una supernova, Zeta Ophiuchi salió disparada a una velocidad de 54.000 millas por hora (24 kilómetros por segundo).

Como una bala

Viaja como una bala. En su vuelo fuera de control, la estrella parece arar el polvo espacial. Sus poderosos vientos empujan el gas y el polvo que encuentra en su camino, y han formado lo que se llama un arco de choque, tan brillante en luz infrarroja que la sonda de la NASA ha conseguido captarlo de una forma fantástica. El efecto es similar al que ocurre cuando un barco se mueve a gran velocidad, creando una ola en su proa. En la espectacular imagen, en la que la luz infrarroja ha sido cambiada por colores visibles para que podamos apreciarla con nuestros propios ojos, la estrella aparece como el punto azul en el interior del arco.

Esto es, de momento, lo más realista que puede decirse de Ofiuco. Lo del horóscopo ya es otra historia.

Fuente  :  ABC

La tormenta perfecta ( 2012 )

Enormes chorros de plasma se suceden en cadena en el astro rey, un fenómeno peligroso y que no siempre se detecta a tiempo


Es nuestra fuente de luz y calor, le debemos el mantenimiento de la vida, pero el despertar de su letargo puede resultar catastrófico para la civilización tal y como la hemos concebido. En las últimas semanas, varios estudios científicos han advertido de los peligros que puede suponer para nuestros sistemas energéticos y de comunicaciones una violenta tormenta espacial generada a más de 150 millones de kilómetros de distancia, sobre la superficie del astro rey. La Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (NAS) ya lo avisó hace tiempo en un impactante informe financiado por la NASA que señalaba la posibilidad, pequeña pero no inverosímil, de que un extraordinario chorro de plasma dejara frita en segundos toda nuestra red eléctrica. Sucedería a partir de 2012, cuando se espera que el Sol encienda su energía a la máxima potencia, y podría dar lugar a un escenario apocalíptico en todo el planeta.

Por si esto fuera poco, nuevas investigaciones sugieren que, de momento, y aunque disponemos de avanzados equipos tecnológicos que trabajan en exclusiva para ello, no somos capaces de prevenir todos y cada uno de estos arranques solares. Una de cada tres erupciones surge por sorpresa, sin previo aviso, lo que, en caso necesario, prácticamente nos impediría protegernos a tiempo. Además, los científicos han descubierto cómo se producen estos tsunamis solares, y su descripción resulta aterradora: no aparecen de forma puntual, sino que se contagian en una especie de dominó y pueden ser tan gigantescos que envuelvan casi por completo toda la superficie del Sol. Un infierno de libro.

Astrónomos de la NASA y de la Universidad de Stanford (California) detectaron a comienzos del pasado agosto un «tsunami solar», una explosión masiva que iba dirigida hacia la Tierra. Todo un hemisferio del Sol estalló, enviando ondas de choque a través de su superficie y nubes de gas caliente al espacio. Los científicos observaron el espectáculo a través del laboratorio solar SDO y las sondas gemelas STEREO, que captaron todo lo ocurrido desde puntos de vista complementarios. De esta forma, descubrieron que lo que creían un fenómeno aislado era en realidad una explosión interconectada por una extensa red magnética que ocupaba toda la superficie del astro rey. La estrella se había convertido en un gigantesco campo de minas.

Como un tornado

El hallazgo sugiere que los científicos deben ampliar sus conocimientos sobre clima espacial para poder prevenir estas explosiones, ya que no suceden como creían. No será tan fácil. Otro estudio reciente del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica (CfA) asegura que un tercio de las rabietas del astro rey son inesperadas. Antes, los científicos pensaban que las eyecciones iban acompañadas de señales de advertencia como erupciones, el oscurecimiento de la corona solar o la aparición de filamentos de plasma, pero no siempre ocurre así. Once de 34 erupciones solares observadas también por la sonda STEREO no pudieron ser detectadas con antelación. Por lo tanto, un sistema diseñado para anticiparse a las tormentas solares podría fallar una de cada tres veces. «Los meteorólogos pueden advertir la llegada de un huracán con días de antelación, pero sólo tienen unos minutos para predecir un tornado», explica el astrónomo Leon Golub, del CfA. La previsión del clima espacial se parece más a predecir un tornado.

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500 mundos cercanos, ninguno como la Tierra

La búsqueda de planetas extrasolares da pasos acelerados y abre una nueva ventana al universo – Conocer más cuerpos en torno a otras estrellas ayuda a averiguar cómo se formó el sistema solar

En el universo, en torno a estrellas como el Sol, o más grandes, o más pequeñas, o más viejas, o más jóvenes…, debe haber millones de mundos. Se han encontrado ya más de medio millar y la lista crece a un ritmo frenético. Los descubrimientos empezaron hace pocos años y el alcance de los telescopios y de las técnicas de observación son aún limitados, pero mejoran de modo espectacular. Y las perspectivas son enormes: puede haber planetas en órbita en un tercio o incluso en la mitad de las estrellas, aunque esta sea una estimación muy especulativa, advierten los científicos.

¿Habrá planetas como la Tierra? ¿Serán habitables? Los científicos intentan contestar estas preguntas obvias, pero todavía no están en condiciones de hacerlo. De momento ni siquiera ven esos otros planetas, en la inmensa mayoría de los casos, sino que deducen su presencia indirectamente.

“Si nuestra galaxia fuera una ciudad de tipo medio, la zona en la que estamos encontrando exoplanetas sería nuestro propio bloque de viviendas y el más cercano (a 10 años luz de la Tierra) estaría en nuestro descansillo”, explica Ignasi Ribas, del CSIC y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña. Con el símil, Ribas pone en perspectiva el territorio de esta cacería científica de objetos celestes que se parezcan más o menos a nuestro mundo, aunque a esta altura “hemos aprendido ya a llevarnos una sorpresa tras otra en el campo de los planetas extrasolares”, dice Carlos Eiroa, astrónomo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

Las distancias reales son abrumadoras y la comparación de la ciudad y la casa se agradece para digerir el hecho de que los 505 planetas extrasolares descubiertos están en un radio de unos pocos centenares de años luz a nuestro alrededor, y la Vía Láctea, con 300.000 millones de estrellas, tiene un diámetro de 100.000 años luz. Por cierto, hay cientos de millones de galaxias en el universo.

La cacería está siendo un éxito, hasta el punto de que, en 15 años, se ha pasado de conocer solo los ocho planetas que giran en torno al Sol (entonces nueve, porque Plutón se consideraba planeta de pleno derecho) a 505. Y, como buena cacería, la competición por obtener más presas -planetas- y más interesantes es feroz, sobre todo entre dos familias de astrónomos, una estadounidense, liderada por Geoff Marcy, y otra europea, con Michael Mayor a la cabeza. Esta última, por cierto, lleva últimamente la delantera.

Los exoplanetas tienen algo especial en la cultura y la imaginación social, incluidos los astrónomos. Es algo que toca una fibra sensible de la gente: “Todos nos preguntamos si estamos solos, y la astrofísica intenta responder a esta cuestión, pero estamos dando solo los primeros pasos”, dice Eva Villaver, de la UAM.

“Creo que toda la comunidad astronómica estaba convencida, antes de que se descubrieran, de que debían existir planetas en torno a otras estrellas”, apunta Benjamín Montesinos, del Centro de Astrobiología. “Era pretencioso pensar que nuestro sistema planetario fuera único, así que era cuestión de tiempo el descubrirlos, y sucedió cuando las técnicas de detección y análisis estuvieron suficientemente pulidas”, añade.

El gran ¡eureka! planetario, en 1995, fue del suizo Mayor (Observatorio de Ginebra), trabajando con su entonces joven discípulo Didier Queloz. Ellos pusieron a punto un método sutil para notar la presencia de un cuerpo en órbita de una estrella similar al Sol, y triunfaron con el descubrimiento de 51 Pegasi b, un planeta grande, como Júpiter, girando alrededor de una estrella -y muy cerca de ella- que está a una distancia de unos 42 años luz de la Tierra.

Tres años antes se habían detectado tres cuerpos en órbita de un pulsar (un remanente de estrella muerta) y se consideran más bien precursores peculiares, dando la primicia a Mayor y Queloz.

Su hallazgo despertó enorme interés y voló la imaginación buscando mundos como el nuestro -y, a ser posible, con vida extraterrestre- alimentada, a veces, por términos que para los científicos no tiene el significado corriente. “Hay que tener mucho cuidado para no confundir a la gente”, advierte Montesinos. “Por ejemplo, cuando usamos la definición de zona habitable alrededor de una estrella, nos referimos a un conjunto de órbitas en las cuales un planeta similar al nuestro, rocoso y con atmósfera, podría tener agua líquida, que los biólogos consideran solvente indispensable para la formación de la vida, en nuestro caso”. De momento, ni siquiera se ha descubierto un planeta como la Tierra (el menor tiene una masa varias veces superior), y la vida exige más condiciones que el agua. Así que de identificar habitable con lugar al que viajar, nada de nada, por mucho tiempo.

“Cuando uno tiene pocos ejemplos, y en el caso de nuestro sistema solar era un ejemplo único, tiendes a pensar que todos los demás serán más o menos iguales; pero no, con los exoplanetas estamos descubriendo la enorme variedad de la naturaleza, porque son muy distintos”, explica Ribas. “La verdad es que, hasta ahora, clones de nuestro sistema solar no hemos encontrado ninguno, así que no sabemos cómo es de común este modelo de sistema planetario”, añade.

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El Universo contiene tres veces más estrellas de lo que se creía

Astrónomos dicen que este nuevo cálculo multiplica las esperanzas de encontrar planetas parecidos a la Tierra

 

¿Alguien puede contar el número de estrellas que hay en el Universo? Pues resulta que son tres veces más. Un grupo de astrónomos ha descubierto que las estrellas pequeñas y débiles conocidas como enanas rojas son más prolíficas de lo que se pensaba, hasta el punto de que, con esta multiplicación, el número total de estrellas que brilla en el Cosmos es probablemente tres veces más grande de lo que los científicos habían calculado. El hallazgo aparece publicado en la revista Nature.

Debido a que las enanas rojas son relativamente pequeñas y débiles en comparación con estrellas como nuestro Sol, los astrónomos no habían sido capaces de detectarlas en otras galaxias. Ahora, los investigadores, entre expertos del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica y de la Universidad de Yale, han utilizado los instrumentos de gran alcance del Observatorio Keck en Hawai para detectar las débil señal de las enanas rojas en ocho galaxias elípticas cercanas, que se encuentran entre 50 y 300 millones de años luz de distancia. Descubrieron que estas enanas rojas, que tan solo tienen entre el 10 y el 20% de la masa del Sol, eran mucho más abundantes de lo esperado.

Tiempo para formar vida

«Nadie sabía cuántas estrellas de este tipo había», señala Pieter van Dokkum, astrónomo de la Universidad de Yale y responsable de la investigación. Diferentes modelos teóricos predecían una amplia gama de posibilidades, así que el nuevo hallazgo viene a arrojar luz sobre la incógnita.

El equipo descubrió que hay cerca de 20 veces más enanas rojas en las galaxias elípticas que en la Vía Láctea. «Por lo general, asumimos que otras galaxias se parecen a la nuestra, pero otras condiciones son posibles», explica Charlie Conroy, del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica. «Este descubrimiento podría tener un impacto importante en nuestra comprensión de la formación de galaxias y su evolución». Por ejemplo, las galaxias podrían contener menos materia oscura.

Como es lógico, si hay más estrellas en el Universo, también es posible que existan más planetas que orbiten a su alrededor, lo que, a su vez, eleva el número de planetas que podría contener vida. De hecho, el famoso Gliese 581g, recientemente descubierto y que potencialmente podría contener vida, orbita una enana roja. «Puede haber billones de «Tierras» orbitando esas estrellas», apunta van Dokkum. Según explica, las enanas rojas que han descubierto, que tienen unos 10.000 millones de años de antigüedad, han existido el tiempo suficiente como para que la vida compleja se desarrolle. «Esta es una razón por la que nos interesamos en este tipo de estrellas».

 

Fuente  :  ABC

El despertar del Sol puede enfriar la Tierra

Investigadores descubren sorprendidos que el período de tranquilidad de nuestra estrella ayudó a aumentar las temperaturas y que su actividad puede provocar lo contrario

Durante los últimos once años, el Sol ha atravesado un periodo de letargo en el que se ha mantenido tranquilo y en calma, una fase que parece haber terminado este año con un despertar virulento de la estrella. Esa larga paz solar, incluso inusualmente excesiva durante 2008 y 2009, ha tenido unos efectos imprevistos sobre el clima y la atmósfera de la Tierra, unas consecuencias que los científicos no preveían. Investigadores del Imperial College de Londres y la Universidad de Colorado sugieren que la disminución de la actividad del Sol, lejos de enfriar el planeta, ha colaborado en su calentamiento. El estudio aparece publicado en el último número de la revista Nature.

 

 

NASA

Una erupción solar

 

La actividad solar transcurre en ciclos de once años. Cuando disminuye, la cantidad total de radiación que llega a la Tierra también es menor, lo que, en un principio, hace pensar que se produce una disminución de la temperaturas. Pero no es así.

Los investigadores analizaron la actividad del Sol durante el período 2004-2007, cuando se encontraba en la parte decreciente del ciclo, con la ayuda de instrumentos de medición del satélite SORCE, que mide la energía del sol en diferentes longitudes de onda.

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Hallan el primer planeta potencialmente habitable fuera del Sistema Solar

Hallan el primer planeta potencialmente habitable fuera del Sistema Solar  (Imagen: Fundación Nacional de Ciencia)

Descubren un planeta habitable fuera del sistema solar. (Imagen: Fundación Nacional de Ciencia)

Astrónomos de EEUU han descubierto el primer planeta fuera del Sistema Solar que cumple con las condiciones de temperatura y gravedad para ser habitable.

Este ‘exoplaneta’, según informaron este martes en rueda de prensa los responsables del hallazgo, se encuentra en el centro de una “zona habitable“, a una distancia de una estrella donde recibe suficiente energía para tener agua líquida en su superficie y, por tanto, sustentar la vida.

La habitabilidad de un planeta depende de varias condiciones, pero la existencia de agua líquida y de una atmósfera son dos de los más importantes factores para que exista vida.

Puede haber agua y atmósfera

En este planeta, a 20 años luz de la Tierra y en órbita de la estrella Gliese 581, los científicos han detectado las condiciones “adecuadas” de temperatura para que haya agua, y de gravedad para que exista una atmósfera.

“El planeta está a la distancia correcta (de la estrella) para que haya agua, ni con mucho calor ni con mucho frío, y con una gravedad similar a la de la Tierra para que haya una atmósfera”, explicó en una conferencia uno de los científicos a cargo de la investigación, Steven Vogt.

El descubrimiento del planeta está detallado en un estudio que publicará la revista Astrophysical Journal y que está basado en once años de investigación en el observatorio W M. Keck de Hawai (EEUU), financiada por la Fundación Nacional de Ciencia de EEUU y la agencia espacial NASA.

Dos planetas habitables

La masa del planeta descubierto es de tres a cuatro veces mayor que la Tierra y su orbita alrededor de la estrella es de 37 días.

Según los científicos, se trata de un planeta que se encuentra orbitando alrededor de la estrella Gliese 581, en la constelación Libra, y es “probablemente” rocoso, con una superficie firme y con suficiente gravedad para mantener una atmósfera.

Otros científicos habían clamado antes el descubrimiento de dos planetas potencialmente habitables alrededor de esa misma estrella en los bordes de la zona considerada adecuada para vivir. En la parte más cercana y caliente a la estrella, se encontró el planeta “c” y en el extremo más lejano y frío, el planeta “d”.

Perpetua luz del día

No obstante, tan solo algunos astrónomos creían que el segundo podía reunir las condiciones para ser habitado si tenía una atmósfera gruesa y con un efecto invernadero fuerte que lo pudiera calentar.

En cambio, el nuevo planeta hallado, nombrado “Gliese 581 g”, está justo en el centro de la zona considerada de habitabilidad.

Además, uno de sus lados está siempre mirando a la estrella y disfrutando de perpetua luz del día, mientras que el otro lado mira hacia el lado opuesto de la estrella y se encuentra en perpetua oscuridad.

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Así nos descubriría un extraterrestre

Científicos aseguran que un alienígena en busca de planetas daría con nuestro Sistema Solar gracias a la presencia de Neptuno

Nuevas simulaciones realizadas por supercomputadoras con miles de granos de polvo han conseguido recrear cómo nos descubrirían unos hipotéticos y lejanísimos astrónomos extraterrestres que estuvieran buscando planetas. A no ser que dispongan de una tecnología tan desarrollada que no podamos ni imaginarla, según los científicos de la NASA responsables del proyecto, para unos observadores estelares la Tierra es algo inapreciable y sólo se darían cuenta de la existencia del Sistema Solar gracias a la presencia de Neptuno.

NASA/Goddard/Marc Kuchner and Christopher Stark

Simulaciones del Cinturón de Kuiper visto por un alienígena

«Los planetas puden ser demasiado débiles para ser vistos directamente, pero alienígenas que estudiaran el Sistema Solar podrían detectar fácilmente la presencia de Neptuno -su gravedad deja una pequeña brecha en el polvo-», ha explicado Marc Kuchner, astrofísico del centro Goddard de la NASA para vuelos espaciales en Greenbelt.

El polvo se origina en el cinturón de Kuiper, una zona fría más allá de Neptuno donde millones de cuerpos helados -incluido Plutón- orbitan alrededor del Sol. Los científicos creen que la región es una versión más vieja de los discos de escombros que han sido vistos alrededor de estrellas como Vega o Fomalhaut.

«Nuestras simulaciones también nos permiten ver el aspecto que el polvo del Cinturón de Kuiper podría tener cuando el Sistema Solar era mucho más joven», explica Christopher Stark, del instituto Carnegie para la Ciencia en Washington. «En efecto, podemos retroceder en el tiempo y comprobar cómo la visión del Sistema Solar ha cambiado».

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Roberto Benitez – NASA confirma planetas como la Tierra