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Hallan en Plutón rastros de la ‘piedra basal’ de la vida

Científicos estadounidenses hallaron la piedra basal de la vida en Plutón. El telescopio Hubble, de la NASA, reveló la existencia de indicios de las moléculas del origen orgánico en la superficie del planeta enano.

Los investigadores descubrieron las zonas que se destacan por el alto nivel de absorción de la radiación ultravioleta del Sol.

Esta peculiaridad confirma la existencia de substancias orgánicas. Se supone que se trata de moléculas con una estructura compleja, que incluye hidrocarburos o nitrógeno.

“Es un descubrimiento asombroso, porque exactamente las moléculas de hidrocarburos o de otras substancias -que, supuestamente, son responsables de algunos rasgos del espectro ultravioleta- pueden dar a Plutón su color especial de rojo y marrón”, comenta Alan Stern, director de la investigación.

Los científicos estadounidenses esperan recibir más información sobre la superficie de Plutón en julio de 2015, cuando la sonda New Horizon de la NASA sobrevuele Plutón y sus lunas.

Plutón, otras posibilidades de albergar a seres vivos

Los estudios, realizados anteriormente por un grupo internacional de investigadores, integrado por especialistas de la NASA, mostraron que la superficie de Plutón, el objeto astronómico probablemente más grande del cinturón de Kuiper (anteriormente considerado un planeta del Sistema Solar), está formado por una fina capa de hielo y nitrógeno, bajo la cual se encuentra una capa de hielo hídrico.

Los científicos sospechan que bajo esta corteza podría encontrarse un océano hídrico (el agua líquida es una de las principales condiciones de habitabilidad a la que apunta el rastreo del espacio exterior) y que el calor para derretir el hielo podría llegar desde dentro y proceder de la desintegración radiactiva de los isótopos de potasio que se encuentran en el núcleo del cuerpo celeste.

Esta suposición requiere futuras investigaciones. Pero si la hipótesis se demuestra y se puede hablar de la existencia de un océano en Plutón, esto significaría que incluso los objetos astronómicos del cinturón de Kuiper (ubicados a una distancia unas 20 veces mayor que la distancia entre la Tierra y el Sol), son más aptos para la vida que lo que se creía anteriormente.

Fuente  :   RT

 

 

Una luna de Saturno puede albergar un océano efervescente como un refresco

Científicos de la NASA creen que Encélado esconde un mar lleno de gas, un lugar que podría reunir las condiciones para el desarrollo de la vida


 

NASA

Penachos de hielo emergen de las fisuras de hielo

 

Durante años, los investigadores se han preguntado si Encélado, una diminuta luna situada a las afueras de los anillos de Saturno, alberga un gran océano subterráneo. Nuevas pruebas parecen indicar que es muy posible que este mundo tenga las entrañas húmedas, pero no solo eso, sino que además el contenido de sus tripas es efervescente. Al parecer, según informa la NASA en su web, este mar estaría tan lleno de gas como un refresco de cola y podría reunir las condiciones para la vida microbiana.

Las sospechas de que Encélado tiene un océano comenzaron en 2005, cuando la sonda Cassini sobrevoló esta luna para obtener imágenes y datos más precisos sobre su superficie. «Los geofísicos esperaban que este pequeño mundo fuera un trozo de hielo frío, muerto y sin interés», recuerda Dennis Matson, del Laboratorio a Propulsión a Chorro de la NASA (JPL, por sus siglas en inglés). Pero no fue así. «Muchacho, ¡nos sorprendió!», admite. Lo que dejó sin aliento a los investigadores fue que la luna estaba repleta de penachos de vapor de agua, partículas de hielo y compuestos orgánicos que salían disparados de unas fisuras abiertas en su caparazón congelado. Mimas, una luna cercana aproximadamente del mismo tamaño, estaba tan desolada como los investigadores esperaban, pero no había dudas con Encélado. Este era un mundo no era nada aburrido.

Desde entonces, muchos investigadores han visto los chorros de hielo como la prueba de la existencia de una gran masa de agua subterránea. Unas balsas de agua líquida con temperaturas cercanas a los 32ºF podrían explicar los penachos de agua. Pero esta teoría no convencía a todos, porque, si se trataba de un océano, ¿dónde estaba la sal?

Origen volcánico

Los instrumentos de la Cassini habían detectado carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y diversos hidrocarburos en los gases de los penachos, pero ninguno de los elementos de la sal que el agua del océano debería contener. En realidad, las sales de sodio y potasio, y los carbonatos estaban encerrados en las partículas de hielo de los penachos. Y la fuente de esas sustancias tenía que ser un océano.

Las últimas observaciones de la Cassini revelaron otro descubrimiento interesante. Las mediciones térmicas comprobaron que algunas fisuras tenían temperaturas altísimas (120º Fahrenheit). «Esta alta temperatura tiene que ser de origen volcánico. El calor debe de fluir desde el interior, suficiente para fundir parte del hielo subterráneo y crear unas balsas de agua», dice Matson. Pero, ¿cómo el contenido de un océano cubierto por una corteza de hielo de hasta decenas de kilómetros de espesor puede alcanzar la superficie? Matson contesta de forma muy gráfica con una pregunta: ¿Nunca te has mojado cuando has abierto la lata de un refresco?

El modelo que él y sus colegas proponen sugiere que los gases disueltos en las aguas profundas por debajo de la superficie forma burbujas. Puesto que la densidad de este agua efervescente es menor que la del hielo, el líquido asciende rápidamente a través del hielo hacia la superficie.

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Aumentan posibilidades de vida extraterrestre

Una serie de descubrimientos recientes hace que aumenten las posibilidades de que haya vida en otros sitios del universo.

En los últimos días, unos científicos informaron que hay tres veces la cantidad de estrellas que se pensaba. Otro grupo de científicos descubrió un microbio que puede vivir de arsénico, lo que implica que puede haber vida en condiciones más extremas que las pensadas. Previamente este mismo año, unos astrónomos revelaron haber hallado por primera vez un planeta potencialmente habitable.

“La evidencia es cada vez más fuerte”, comentó Carl Pilcher, director del Instituto de Astrobiología de la NASA, que estudia los orígenes, la evolución y las posibilidades de vida en el universo. “Creo que todo el que analice esta información va a decir, ‘tienen que haber vida allí”’.

La evidencia, no obstante, es demasiado fresca y los científicos todavía no han sacado conclusiones definitivas.

Una razón para no sentirse demasiado optimista es que la búsqueda de vida comienza a niveles muy pequeños, microscópicos, y luego se analiza la evolución de esos organismos. Los primeros indicios de que hay vida en otros planetas podrían ser generados por un moho baboso más que por alguna versión de ET, el Extraterrestre.

Los científicos tienen una ecuación que calcula las posibilidades de vida civilizada en otro planeta. Pero se basa mayormente en puras suposiciones y en consideraciones como las posibilidades de que haya evolucionado alguna forma de inteligencia y cuánto puede durar una civilización. En el fondo, esos cálculos se basan en dos factores básicos: ¿Cuántos sitios están en condiciones de sustentar vida? Y qué tan difícil resulta que se perpetúe alguna forma de vida.

El descubrimiento de que hay más estrellas que las pensadas implica que hay una mayor cantidad de sitios donde pude haber vida y hace que se expanda la definición de lo que constituye vida. Diez científicos entrevistados por la AP coincidieron en que la posibilidad de vida extraterrestre es más grande que nunca.

Seth Shostak, astrónomo del Instituto SETI de California, dice que todas las evidencias surgidas en tiempos recientes “apuntan en una dirección que alienta la vida allí, y no tenían por qué hacerlo”.

Los científicos descartaron en su mayoría las teorías de que podía haber vida en otros planetas. Ahora, según Shostak, es a la inversa y pensar que la Tierra es el único planeta donde hay vida es como creer en milagros. “Y los astrónomos no creen en milagros”, señaló.

Los astrónomos, no obstante, sí quieren pruebas y todavía no las tienen.

El astrobiólogo de la NASA Chris McKay afirmó que “hay cosas reales que indican que ser optimista en torno a la presencia de vida en otros sitios no es una tontería”.

Para empezar, hay que determinar dónde puede haber vida. Hasta hace pocos años, los astrónomos pensaban que sólo podría haber vida en planetas que circulan alrededor de estrellas como nuestro sol. Por eso, la búsqueda se enfocó en estrellas como la nuestra.

Se descartó así la más común de las estrellas, las llamadas enanas rojas, que son más pequeñas que nuestro sol y más opacas. Probablemente el 90% de las estrellas del universo sean enanas rojas. Los astrónomos creían que los planetas que circulan en torno a ellas no pueden tener vida.

Pero hace tres años, la NASA reunió a los principales expertos en ese tema, quienes analizaron datos y llegaron a la conclusión de que sí podría haber vida en los planetas que orbitan las enanas rojas. Esos planetas tendrían que estar más cerca de sus estrellas y no rotarían tan rápido como la Tierra. Los científicos determinaron que las pequeñas estrellas pueden ofrecer condiciones muy distintas a las de la Tierra, pero que permitirían alguna forma de vida.

En otras palabras, hay miles de millones de mundos nuevos en los que no se puede descartar que haya vida.

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El Universo contiene tres veces más estrellas de lo que se creía

Astrónomos dicen que este nuevo cálculo multiplica las esperanzas de encontrar planetas parecidos a la Tierra

 

¿Alguien puede contar el número de estrellas que hay en el Universo? Pues resulta que son tres veces más. Un grupo de astrónomos ha descubierto que las estrellas pequeñas y débiles conocidas como enanas rojas son más prolíficas de lo que se pensaba, hasta el punto de que, con esta multiplicación, el número total de estrellas que brilla en el Cosmos es probablemente tres veces más grande de lo que los científicos habían calculado. El hallazgo aparece publicado en la revista Nature.

Debido a que las enanas rojas son relativamente pequeñas y débiles en comparación con estrellas como nuestro Sol, los astrónomos no habían sido capaces de detectarlas en otras galaxias. Ahora, los investigadores, entre expertos del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica y de la Universidad de Yale, han utilizado los instrumentos de gran alcance del Observatorio Keck en Hawai para detectar las débil señal de las enanas rojas en ocho galaxias elípticas cercanas, que se encuentran entre 50 y 300 millones de años luz de distancia. Descubrieron que estas enanas rojas, que tan solo tienen entre el 10 y el 20% de la masa del Sol, eran mucho más abundantes de lo esperado.

Tiempo para formar vida

«Nadie sabía cuántas estrellas de este tipo había», señala Pieter van Dokkum, astrónomo de la Universidad de Yale y responsable de la investigación. Diferentes modelos teóricos predecían una amplia gama de posibilidades, así que el nuevo hallazgo viene a arrojar luz sobre la incógnita.

El equipo descubrió que hay cerca de 20 veces más enanas rojas en las galaxias elípticas que en la Vía Láctea. «Por lo general, asumimos que otras galaxias se parecen a la nuestra, pero otras condiciones son posibles», explica Charlie Conroy, del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica. «Este descubrimiento podría tener un impacto importante en nuestra comprensión de la formación de galaxias y su evolución». Por ejemplo, las galaxias podrían contener menos materia oscura.

Como es lógico, si hay más estrellas en el Universo, también es posible que existan más planetas que orbiten a su alrededor, lo que, a su vez, eleva el número de planetas que podría contener vida. De hecho, el famoso Gliese 581g, recientemente descubierto y que potencialmente podría contener vida, orbita una enana roja. «Puede haber billones de «Tierras» orbitando esas estrellas», apunta van Dokkum. Según explica, las enanas rojas que han descubierto, que tienen unos 10.000 millones de años de antigüedad, han existido el tiempo suficiente como para que la vida compleja se desarrolle. «Esta es una razón por la que nos interesamos en este tipo de estrellas».

 

Fuente  :  ABC

La NASA: «Buscaremos nuevas señales de vida en el Sistema Solar»

La NASA ampliará la forma en la que rastrea la posible existencia de seres vivientes en otros planetas después de hallar una bacteria que crece con arsénico

«La definición de vida se acaba de ampliar». El descubrimiento de un microorganismo único en el mundo, una bacteria capaz de prosperar y reproducirse con arsénico, uno de los venenos más dañinos que se conocen, tendrá importantes repercusiones no solo en el campo de la biología, donde con toda seguridad cambiará los libros de texto, sino también en la búsqueda de vida en otros planetas. Así lo ha reconocido la NASA en una rueda de prensa que ha levantado una gran expectación. «A la hora de buscar señales de vida en el Sistema Solar, tendremos que pensar de una manera más amplia, más diversa, y considerar la vida como no la conocemos», ha indicado Ed Weiler, administrador asociado de la agencia norteamericana para el Directorio de Misiones Científicas.

Y es que todo ha cambiado. La cepa bacteriana GFAJ-1 encontrada en el lago Mono en California por la investigadora Felisa Wolfe-Simon, del Instituto de Astrobiología de la NASA, y su equipo, ha demostrado ser capaz de sustituir en sus moléculas, incluido el ADN, uno de los seis ingredientes fundamentales, el fósforo, por el venenoso arsénico. Nunca se había visto algo semejante, una prueba palpable de que la vida puede desarrollarse de formas muy distintas a la que conocemos. Como explica la astrobióloga Pamela Conrad, del Centro Goddar de Vuelo Espacial, el hallazgo demuestra que todavía no sabemos todo «acerca de las condiciones esenciales para sustentar la vida». A partir de ahora, puede que el arsénico sea «uno de los elementos que sí sustentan la vida».

En definitiva, puede existir la vida en otros mundos en los que hasta ahora, por sus terribles condiciones, nos parecía imposible que se desarrollara algún tipo de criatura.

El hallazgo puede influir también en otras áreas como el estudio de la evolución de la Tierra, la química orgánica, los ciclos biogeoquímicos, la microbiología y la investigación del sistema terrestre. «La idea de bioquímicas alternativas para la vida es común en la ciencia ficción», apunta Carl Pilcher, director del Instituto de Astrobiología de la NASA. «Hasta ahora, una forma de vida con arsénico era sólo teórica, ahora sabemos que este tipo de vida existe».

 

Fuente  :  ABC

La NASA anuncia el hallazgo de una forma de vida «diferente»

Se trata de una extraña bacteria que utiliza el arsénico para crecer y que cambiará por completo la forma en que buscamos seres vivientes fuera de la Tierra

 

 

Hace dos días, la NASA anunciaba «un hallazgo en astrobiología que tendrá un gran impacto en la búsqueda de pruebas de vida extraterrestre». Se dispararon las especulaciones sobre el posible contenido de ese anuncio, llegando a apuntarse la posibilidad de que los investigadores de la agencia espacial norteamericana hubieran encontrado, por fin, pruebas irrefutables de alguna forma de vida fuera de la Tierra, quizá en Titán, la mayor de las lunas de Saturno. El descubrimiento de la NASA, sin embargo, no procede de ningún planeta o satélite lejano. Se ha producido aquí, en la Tierra, aunque no por ello es menos espectacular. Se trata de una nueva y extraña criatura, una nueva forma de “estar vivo” que desafía todo lo que creíamos saber hasta ahora sobre el complicado y delicado proceso bioquímico que conocemos como vida. Algo que cambiará por completo la manera en que, a partir de ahora, busquemos seres vivientes fuera de nuestro propio mundo.

Desde las bacterias a las ballenas, las moscas, los elefantes o los seres humanos, todas y cada una de las formas de vida que hay en la Tierra dependen de una cuidadosa combinación de los mismos seis elementos: oxígeno, carbono, hidrógeno, nitrógeno, fósforo y azufre. En forma de ADN, grasas y proteínas, esos elementos se encuentran en cada criatura viviente conocida. La “química de la vida”, además, es tan delicada y específica que cualquier alteración en esta “receta mágica” afecta a la estabilidad molecular hasta tal punto de hacer que la vida, sencillamente, deje de ser posible. Por eso el hallazgo que hoy se publica en la revista Science ha causado tanta expectación y sorpresa. Porque se trata de una excepción, la primera a la que se enfrenta la Ciencia, a esta regla considerada hasta ahora como universal.

Arsénico para crecer

Los investigadores, en efecto, han encontrado una cepa bacteriana, la GFAJ-1, que ha demostrado ser capaz de sustituir en sus moléculas, incluído el ADN, uno de los seis ingredientes fundamentales, el fósforo, por el que se considera como uno de los peores y más dañinos venenos que existen, el arsénico. Algo que, según los científicos, constituye una prueba palpable de que la vida puede desarrollarse de formas muy distintas a las que conocemos. Formas que nos ayudarán a perfeccionar las actuales técnicas de búsqueda de vida fuera de nuestro planeta.

“La vida -reza el artículo de Science- está mayoritariamente compuesta por los elementos carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, azufre y fósforo. Pero a pesar de que estos seis elementos forman los ácidos nucléicos, las proteínas y las grasas, y por lo tanto la mayor parte de la materia viviente, resulta teóricamente posible que algunos otros elementos de la tabla periódica puedan desempeñar las mismas funciones. Aquí describimos una bacteria, de la cepa GFAJ-1 de las Halomonadaceae, obtenida en el Lago Mono, en California, que ha sustituido el fósforo por el arsénico para sustentar su crecimiento. Nuestros datos revelan la presencia de arseniato en macromoléculas que normalmente contienen fosfatos y, más notablemente, en ácidos nucleicos y proteínas. La sustitución de uno de los mayores bioelementos puede tener una gran relevancia geoquímica y evolutiva”.

Alternativas a la vida

Desde hace ya algunos años, la autora principal de este artículo, Felisa Wolfe-Simon, del Instituto de Astrobiología de la NASA en Menlo Park, California, junto a algunos otros de los firmantes, como Ariel Anbar y Paul Davies, estaban explorando la posibilidad de que existieran “formas alternativas” de vida. “La vida como la conocemos -explica Anbar- requiere unos elementos químicos concretos y excluye otros. Pero son esas las únicas opciones? Cómo de diferente puede ser la vida?” Wolfe-Simon y sus colegas ya intuían que el arsénico podría haber sustituido al fósforo (el elemento contiguo en la tabla periódica) en las formas de vida más primitivas de nuestro planeta. De hecho, el arsénico tiene propiedades químicas muy similares a las del fósforo, aunque su gran toxicidad no permite su uso a la inmensa mayoría de los seres vivos.

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La NASA anunciará mañana el hallazgo de una extraña forma de vida ( HOY )

Revelan que el descubrimiento puede tener importantes consecuencias en la búsqueda de vida extraterrestre

 

Algo grande parece estar cociéndose en los hornos de la NASA. La agencia espacial norteamericana, en efecto, ha convocado para mañana en su sede de Washington una rueda de prensa con la intención de “discutir un hallazgo en astrobiología que tendrá un gran impacto en la búsqueda de pruebas de vida extraterrestre”. “La astrobiología -aclara la convocatoria- es el estudio del origen, evolución, distribución y futuro de la vida en el universo”.

A la rueda de prensa asistirán, en calidad de expertos, un brillante ramillete de científicos cuyas especialidades han sido, precisamente, las que hacen suponer que el anuncio del jueves no se cuenta entre los “habituales”.

Entre ellos, Pamela Conrad, geobióloga y principal autora, en 2009, de un estudio sobre geología y vida en Marte; James Elser, profesor de la Universidad Estatal de Arizona, miembro de un programa de la NASA que intenta averiguar las condiciones químicas de los ambientes (y no sólo de los basados en oxígeno y carbono) en los que la vida podría existir: Felisa Wolfe-Simon, una oceanógrafa cuyos trabajos se centran en la posibilidad de fotosíntesis basada en el arsénico; y Steven Benner, biólogo del Jet Propulsion Laboratory que forma parte del equipo de científicos que estudian Titán (la mayor luna de Saturno), bajo la perspectiva de que su química se parece extraordinariamente a la de la Tierra primitiva.

La nota no revela más detalles, pero ha sido más que suficiente para desatar toda clase de especulaciones. Titán, como se sabe, es el único mundo del Sistema Solar (excepto la Tierra) en el que existen grandes extensiones líquidas. Enormes lagos que no están hechos de agua, sino de metano, pero que hacen que los científicos se pregunten obsesivamente sobre la posibilidad de que allí esté floreciendo algún tipo de vida basada en principios diferentes a los que se dan en la Tierra. El evento de la NASA, por último, coincide con el desembargo el mismo jueves, por parte de la revista Science, de un artículo sobre organismos capaces de sobrevivir en arsénico, uno de los compuestos químicos más tóxicos que se conocen para “nuestra” forma de vida”. La autora principal de ese estudio es, precisamente, la antes citada Felisa Wolfe-Simon.

Sobrevivir en arsénico

Con estas premisas, algunos opinan que no sería de extrañar que la NASA anunciara mañana la detección en Titán de alguna clase de organismo o bacteria capaz de (por ejemplo) crecer y sobrevivir a base de arsénico. O el hallazgo de evidencias químicas de alguna otra clase de vida en la misteriosa luna de Saturno.

Otros, por el contrario, se muestran más escépticos y creen que se trata de una convocatoria completamente normal y destinada, como en tantas otras ocasiones, a aclarar los conceptos del citado artículo de Science, que como se ha dicho trata de la posibilidad de vida basada en el arsénico.

Sea lo que sea, solo faltan unas horas para saber si las especulaciones son, o no, ciertas. Mañana, la respuesta.

 

Fuente  :  ABC

Hallan un antiguo «oasis habitable» en un volcán de Marte

La vida pudo resistir en esta zona del Planeta rojo hace 3.500 millones de años

Hace cerca de 3.500 millones de años, la época dorada de Marte llegó bruscamente a su fin. El clima del Planeta Rojo cambió de golpe y pasó de ser cálido y húmedo (y propicio para la vida) a seco y frío, un planeta donde prácticamente ningún organismo podría sobrevivir. Ahora, un grupo de investigadores ha encontrado un lugar, en una ladera volcánica, donde la vida, sin embargo, podría haberse hecho fuerte y resistir.

Nature Geoscience

El volcán puede ser la mejor evidencia de una zona habitable en Marte

 

El equipo, dirigido por el geólogo planetario J. R. Skok, de la Universidad de Brown, ha descubierto, en efecto, montículos enteros de un mineral muy concreto y esperanzador, depositado sobre un volcán de 3.500 millones de años de antiguedad. Y es precisamente ese mineral, que no puede formase sin agua, el que habla de un pasado húmedo y caliente, al abrigo del propio calor del volcán. Podría ser, opinan los científicos, la mejor evidencia que tenemos hasta ahora de una zona habitable en Marte.

Utilizando la Mars Reconnaissance Orbiter, los investigadores descubrieron allí gran cantidad de sílice hidratado, una prueba fehaciente que demuestra que en aquel tiempo lejano allí existía agua en abundancia. Y el hecho de que esos montones de mineral estén situados alrededor de la antigua caldera, proporciona la mejor de las evidencias de que lo que se ha encontrado es el depósito intacto de un ambiente hidrotermal, un lugar donde el calor y la humedad habrían podido sostener primitivas formas de vida. Se trata, de hecho, del mismo tipo de escenario que aquí, en la Tierra, proporcionó el tipo de habitat adecuado para los primeros organismos vivientes.

La tumba de la vida

“El calor y el agua que se requieren para crear esta clase de depósitos probablemente hizo que esta zona fuese habitable -asegura J.R. Skok, autor principal de un artículo en Nature Geoscience-. Si la vida existió allí, este podría ser un lugar prometedor para encontrar su tumba, algo así como un cementerio microbiano”.

Hasta el momento, no existe ninguna prueba definitiva de que Marte haya podido tener vida, pero este hallazgo, sumado a la nutrida colección de anteriores evidencias apunta con fuerza a la posibilidad de que, por lo menos en algunos lugares, la vida tuvo todo lo necesario para desarrollarse. Los depósitos de sílice estan en una zona volcánica llamada Syrtis Major, y se cree que la región consiguió mantener su calor y humedad incluso cuando la mayor parte del planeta se había vuelto ya árido y seco. “Marte se estaba secando -afirma Skok-, y ésta fue una de las últimas zonas hospitalarias en un Marte que se secaba y enfriaba”.

Concentraciones de sílice hidratado se habían identificado en Marte con anterioridad, incluido un “parche” de extrema pureza elcontrado por el rover Spirit en 2007. Sin embargo, éste es el primer lugar en el que se aprecian claramente cómo se originó el mineral. “Tenemos un contexto realmente espectacular en este depósito -relata Skok-. Está justo en la ladera del volcán, en el mismo lugar en el que el sílice se depositó”.

El pequeño cono volcánico se eleva unos cien metros desde el suelo a la caldera del Nili Patera. Ocupa unos 50 Km en la zona de Syrtis Major, en la región ecuatorial marciana. Antes de que el cono se formara, la lava fluía libremente por las llanuras de alrededor. Pero el colapso de una cámara de magma creó la caldera. El cono fue creciendo a medida que surgía más y más lava, hasta alcanzar su altura actual.

 

Fuente  :  ABC

Uno de cada cuatro ‘soles’ puede albergar planetas habitables como la Tierra

Recreación de un planeta extrasolar. | National Geographic
Recreación de un planeta extrasolar. | National Geographic

 


Cerca del 25% de las estrellas parecidas al sol podrían tener planetas del tamaño de la Tierra. Así lo aseguran los astrónomos Andrew Howard y Geoffrey Marcy. de la Universidad de Berkeley (California) en un trabajo publicado en la revista Science.

Para llegar a esta conclusión Howard y Marcy centraron sus observaciones en 166 estrellas del tipo G (amarillas como el Sol) y del tipo K (enanas rojas), que están a unos 80 años luz de la Tierra.

Hacia allí dirigieron, durante cinco años, el Telescopio Keck de 10 metros de diámetro, instalado en Hawai, con objeto de determinar el número, la masa y la distancia orbital entre los exoplanetas y sus astros. Y detectaron un creciente número de planetas de los llamados super-tierras porque tienen entre tres y 10 masas terrestres.

Sus porcentajes fueron asombrosos: de los otros soles de la Vía Látea, en torno al 1% tiene planetas como Júpiter, un 6% como Neptuno y un 12% supertierras. Según Howard, “si se extrapolan estas cifras a los planetas como la Tierra, podemos predecir que hay un 23% de su tamaño”. Es, aseguran, la primera estimación basada en medidas reales sobre supertierras y neptunos. Las anteriores se basaban en datos de exoplanetas mucho mayores como Júpiter y Saturno, por lo que eran menos precisas. “Estas nuevas técnicas van a permitir, en la próxima década, encontrar Tierras sin tener que mirar muy lejos“, afirma el astrónomo americano.

Como sus observaciones se centraron en exoplanetas con un periodo orbital de menos de 50 días, los investigadores creen que el porcentaje de Tierras en una zona más alejada de las estrellas, e incluso quizás habitable, podría ser aún mayor. Sería la distancia adecuada para que hubiera agua líquida.

El estudio de Berkeley contradice los modelos actuales sobre la formación de los planetas, dado que los investigadores los han encontrado en una región donde se predecía que no habría ninguno.

Solamente 22 de las estrellas que observaron tenían planetas perceptibles (33 en total) dentro de esta gama de masas y de distancias orbitales. Según señalan Howard y Marcy, que es un miembro de la misión Kepler de la NASA, en la que también se buscan exoplanetas en 156.000 estrellas, el Kepler podrá detectar “entre 120 y 260 posibles mundos terrestres” en los próximos años orbitando en torno a cerca de 10.0000 estrellas enanas con periodos orbitales de 50 días.

“Ahora hemos hecho una primera estimación y el número de Tierras podría ser de un 12% en lugar de un 23%, pero lo que es seguro es que no será del 1%”, asegura Howard. En total, el equipo detectó 45 planetas alrededor de 32 estrellas, si bien 12 de ellos necesitan ser confirmados por otras técnicas adicionales para que la cuenta sea científicamente correcta.

Fuente  :  El Mundo